La Plaza Mayor de Segovia ya cuenta con dos lectores inmóviles: San Frutos y Antonio Machado. Sus esculturas, situadas en dos puntos de la plaza y representadas con un libro en las manos, son el punto de partida de Pasar la página, una intervención artística y participativa que el próximo sábado 24 de octubre llevará nuevas voces al espacio público.
Durante hora y media, de 12:30 a 14:00 horas, hasta trece personas ocuparán la Plaza Mayor como si fueran estatuas humanas. Permanecerán inmóviles, con un libro entre las manos, hasta que alguien se acerque y las active. Entonces comenzarán a leer, en voz alta, pero de manera susurrante, un breve fragmento. Al terminar, pasarán lentamente la página y volverán al silencio. La iniciativa está promovida por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce y cuenta con la colaboración de la Biblioteca Pública del Estado en Segovia (Biblioteca de Castilla y León).
La propuesta, coordinadada por el académico de número Carlos Rod, parte de una coincidencia que permite establecer un diálogo entre distintos momentos de la memoria cultural de Segovia: San Frutos y Antonio Machado aparecen en dos esculturas próximas sosteniendo un libro. Entre ambos se establece un arco simbólico entre la tradición y la memoria literaria moderna. Las trece figuras no formarán una fila ni establecerán un recorrido que el público deba seguir. Se distribuirán por la Plaza Mayor como una constelación de situaciones: una figura sola, una pareja que lee alternativamente, una figura sentada, dos cuerpos separados que parecen responderse o alguien que lee de espaldas. El visitante podrá caminar libremente y descubrir las voces a medida que aparezcan. Una lectura comenzará en un extremo de la plaza; poco después, otra surgirá en otro punto. Las voces podrán cruzarse, sucederse o responderse, de manera que el espacio cotidiano se transforme progresivamente en una composición sonora.
El efecto buscado es sencillo: una Plaza Mayor aparentemente normal, atravesada por cuerpos que parecen esculturas, hasta que uno de ellos comienza a leer. Después otro. Dos voces se cruzan. Una figura pasa página. Otra responde.
Los textos seleccionados recorrerán diferentes épocas y registros, sin convertir la actividad en un recital convencional. Se escucharán fragmentos relacionados con San Frutos y la tradición segoviana, textos de San Juan de la Cruz, poemas y escritos de Antonio Machado vinculados a Segovia, la memoria y el paso del tiempo, así como textos de otros escritores relacionados con la ciudad. También podrán incorporarse textos aportados por vecinos y participantes: recuerdos, frases, poemas, fragmentos o palabras que quieran hacer circular. Las lecturas serán breves y aparecerán de manera inesperada dentro del espacio público. El objetivo es hacer que la lectura se descubra al pasar.
Quienes se acerquen a las estatuas no tendrán que seguir ninguna instrucción ni completar un recorrido. Podrán caminar, detenerse, escuchar una lectura o buscar de dónde procede una voz. La participación continuará al final de la acción. Junto a la estatua de Antonio Machado habrá un cuaderno en blanco con una invitación:
«Ahora es tu turno: pasa la página y escribe ahora la que sigue»
Quien quiera podrá dejar allí una frase, un recuerdo, una palabra o un breve texto. Así, la acción irá pasando de unas manos a otras: primero hablan las estatuas de piedra a través de los libros; después, las estatuas humanas; finalmente, quienes las han escuchado.
La elección del 24 de octubre tampoco es casual. Pasar la página se desarrollará coincidiendo con el Día Internacional de las Bibliotecas y en la víspera de San Frutos, patrón de Segovia. La iniciativa se suma además a la conmemoración del centenario del vínculo entre Antonio Machado y la Universidad Popular Segoviana, actual Real Academia de San Quirce. En 2026 se cumplen cien años del nombramiento de Machado como director honorario de esta institución, el 13 de diciembre de 1926. Así, durante hora y media, la Plaza Mayor se convertirá en un espacio de escucha y descubrimiento. San Frutos y Machado permanecerán en piedra, con sus libros en las manos; las estatuas humanas harán que esos libros vuelvan a tener voz. La acción propone, en definitiva, un recorrido sin itinerario: no hay una línea que seguir, sino voces que encontrar. La última página no la escribe una estatua. La escribe quien escucha.
