En una conferencia impartida en la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, en el marco del ciclo Martes de San Quirce, el arquitecto, profesor e investigador de Historia de la Construcción, Santiago Huerta Fernández, analizó con detalle la construcción, el comportamiento estructural y la estabilidad del Acueducto de Segovia. Su conclusión fue rotunda: el monumento es una estructura «excepcionalmente estable» que no presenta riesgo de hundimiento alguno. Huerta basó su análisis en la teoría moderna de estructuras de fábrica, en la geometría del monumento y en su supervivencia de dos milenios. «Su forma se adapta perfectamente a las cargas. Lo único que puede ponerle en peligro es una pérdida masiva de volumen que altere su geometría, algo que no está ocurriendo», aseveró.
El Acueducto, con sus 682 metros de arquería elevada, está construido con alrededor de 7.500 metros cúbicos de granito, equivalentes a entre 20.000 y 25.000 toneladas. Sus pilares se asientan sobre roca o arena compacta y las pendientes demuestran la precisión romana. Huerta mostró que, vista de frente, puede parecer esbelta, pero su sección perpendicular es robusta y ofrece gran resistencia al único modo de fallo, prácticamente imposible por su enorme masa y la ausencia en Segovia de sismos significativos.

Durante la charla, el profesor repasó imágenes históricas que ilustran cómo el canal se mantuvo casi 1.900 años con cuidados tradicionales. «Hasta el siglo XX se limpiaba, se reparaba y se seguía utilizando. Funcionaba», señaló. Igualmente se refirió a las «alarmas casi constantes» de los últimos cincuenta años, desde el informe de Carlos Fernández Casado en 1966, que propuso la inyección de mortero de cemento y bulones de latón con resina epoxi (intervenciones irreversibles que llegaron a realizarse), hasta estudios posteriores que dibujaban colapsos imposibles mecánicamente o titulares sensacionalistas, tipo «El Acueducto se viene abajo» (1993). «No existe mecanismo de colapso ni efecto dominó. Desaparecería una pila y nada más», expuso.
El caso del Acueducto, según Huerta, no es aislado, sino ejemplo de un fenómeno moderno preocupante: la pérdida de la tradición constructiva de fábrica (piedra y ladrillo) tras la irrupción del acero y el hormigón. Esta ruptura genera desconfianza ante edificios milenarios que han demostrado su seguridad por supervivencia. Ejemplos citados fueron las catedrales de Beauvais (Francia) o San Pablo de Londres. «Intervenciones agresivas (armaduras, inyecciones masivas) responden más a ignorancia, miedo y, en ocasiones, codicia, que a necesidades reales. La ignorancia conduce a la desconfianza y al miedo. Contra ello, solo valen conocimiento, respeto a la historia y mantenimiento racional», concluyó Huerta, que defendió el uso de técnicas tradicionales y talleres de cantería permanentes.
El mensaje final fue de tranquilidad para Segovia: «El Acueducto no se cae. Solo necesita el mantenimiento sensato que los segovianos han sabido darle durante dos mil años».
