En la mañana de este 24 de octubre, bajo un cielo espléndido, la Plaza Mayor de Segovia ha vivido una experiencia singular. La actividad Pasar la Página, organizada por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce y coordinada por el académico Carlos Rod, ha llenado el centro de la ciudad de literatura viviente.
Quince estatuas humanas, inmóviles y con un libro entre las manos, han ocupado distintos puntos de la plaza entre las doce y media y las dos de la tarde. Permanecían quietas, como prolongación de las estatuas de San Frutos, sobre la puerta de la Catedral, y Antonio Machado, hasta que alguien se acercaba. Entonces se activaban y recitaban, en voz suave pero clara, versos, fragmentos literarios o canciones. Han sonado Machado y su memoria segoviana, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Julián Otero y otros textos vinculados a la tradición y a la ciudad.
Las ‘estatuas’, sin formar filas ni itinerarios obligados, se dispersaron por la elipse de la Plaza Mayor como una constelación de presencias. Una figura sola, alguien de espaldas o sentado… El visitante podía caminar libremente y descubrir las voces a medida que aparecían. Una lectura nacía en un extremo; poco después otra respondía desde el lado contrario. Las voces se cruzaban, se sucedían o se contestaban y transformaban el espacio cotidiano en una delicada composición sonora.
La iniciativa, coincidente con el Día Internacional de las Bibliotecas y la víspera de San Frutos, se enmarca también en el centenario del nombramiento de Antonio Machado como director honorario de la Universidad Popular Segoviana, actual Real Academia de San Quirce. San Frutos y Machado, inmóviles en piedra con sus libros, fueron el punto de partida simbólico. Las estatuas humanas consiguieron que esos libros volvieran a tener voz. Al final de la acción, junto a la estatua de Machado, un cuaderno en blanco invitaba a los asistentes: «Ahora es tu turno: pasa la página y escribe ahora la que sigue». Muchos dejaron frases, recuerdos o breves textos. Así, la página siguió pasando de unas manos a otras. Durante hora y media, la Plaza Mayor fue un espacio de escucha, sorpresa y memoria.
La última página, como siempre, la escribe quien escucha.





